Descripción
¿Te acuerdas de esas meriendas eternas, con chocolate desbordado, migas por todas partes… y tu peluche favorito siempre cerca, como un cómplice silencioso de todas tus travesuras?
Este cuadro nace de ese rincón cálido de la infancia, donde el mundo era más pequeño, pero inmenso en imaginación. Donde un abrazo bastaba para sentirse a salvo.
En la pared, unos garabatos infantiles (de esos que hacíamos a escondidas, pensando que nadie los vería) nos hablan de juegos secretos, de pequeños desobedientes llenos de luz. La mesa, un poco desordenada, refleja esa felicidad que no pedía permiso: ocurría sin más.
El osito que acompaña la escena es un Oso Amoroso, algo desgastado por el tiempo y el uso, pero aún sonriendo. Los Osos Amorosos nacieron en 1981 como postales creadas por American Greetings, ilustradas por Muriel Fahrion y Elena Kucharik. Poco después, la juguetera Kenner los convirtió en peluches y conquistaron el mundo: más de 40 millones vendidos, dibujos animados y un lugar asegurado en muchas infancias.
Esta obra forma parte de mi colección sobre peluches e infancia: un homenaje a esos objetos que, aunque mudos, estaban ahí para todo. Para el juego, el consuelo, las siestas y los secretos. Eran Tardes de merienda.
Envíos gratis a con su certificado de autenticidad a cualquier parte del mundo.











