Descripción
Aquí vemos dos de mis obsesiones de infancia: los animales y los cuentos. Cuando era niña y me quedaba en el pueblo con mis abuelos, mi abuela se asomaba cada noche para ver si dormía; si me costaba conciliar el sueño, me leía historias. Una de mis favoritas era Alicia en el País de las Maravillas, y de allí tomé este fragmento en el que el dodo propone correr para secarse:
“–Lo que yo iba a decir –continuó el Dodo, ofendido– es que el mejor modo de secarnos sería una Carrera Loca.
–¿Qué es una Carrera Loca? –preguntó Alicia…
–Bueno, la mejor manera de explicarlo es hacerlo.”
En esta obra, El sueño de Alicia, una niña duerme mientras, a la izquierda, un séquito de animales pintorescos encabezados por un dodo la observa; en la derecha, unos gatos se sitúan en guardia. Son los mismos animales que participan en aquella “carrera loca” y, para mí, representan esa frontera donde el sueño infantil se topa con lo fantástico.
Detrás, una figura femenina madura —mi versión de la Reina de Corazones— vigila la escena. La tomé del cuadro Anciana y niño con velas (Rubens, 1616); su mirada alude a la pérdida de la belleza y las oportunidades que trae el paso del tiempo. Unas flores inspiradas en los bodegones flamencos completan el collage.
Aunque la atmósfera remite al barroco, trabajé con pinceladas duras y empastes marcados: sin veladuras, sin sutilezas. Quería que la materialidad del óleo chocara con lo onírico de la escena y dialogara con las nuevas técnicas digitales —esa libertad de organizar elementos casi como en Photoshop—. Los gatos, por su parte, son la resistencia de la infancia que se niega a entregarse al caos de la madurez
La obra se entrega con su certificado de autenticidad firmado por mí, sin coste adicional.
Gastos de envío gratis a cualquier parte del mundo.















