Descripción
¡Mami, se me ha caido el diente!: El diente estaba ya más que flojo y bastó un empujón al jugar en el recreo para que saliera volando. No hizo falta mucho más para que aquel día se convirtiera en importante: una boca abierta enseñando orgullosa el hueco, la emoción de haber crecido un poquito de repente, el relato contado al volver a casa como si hubiera sucedido algo extraordinario.
Y, en realidad, había sucedido.
Pinto muchos momentos de la vida de mi hijo porque sé que la infancia no se queda quieta. Cambia mientras la miras. Un día se le cae un diente, otro deja de pronunciar una palabra de esa manera que te hacía reír, otro ya no necesita tu mano para hacer algo que hasta ayer parecía enorme.
En este cuadro quería conservar precisamente eso: la ternura de un instante pequeño, casi cotidiano, pero lleno de vida. No un retrato perfecto, sino la huella de una emoción: su orgullo, su vulnerabilidad, su manera de celebrar que algo está cambiando.
Aunque nazca de nuestra historia, me gusta pensar que este cuadro puede hablar también de la infancia de otros, de los hijos, de los recuerdos propios, de esos momentos que uno quisiera guardar antes de que desaparezcan.
Envíos gratis a con su certificado de autenticidad a cualquier parte del mundo.











